viernes, 11 de junio de 2010

Miedo

Se tumbó y apagó la luz de la mesilla de noche, el día por fin había terminado y en aquella penumbra solo iluminada por la tenue luz anaranjada que entraba por la ventana empezó a pensar como siendo niño temía a la oscuridad, a los monstruos que allí se escondían esperando a que se durmiese para acercarse.
Creció y descubrió que no había razón para temer a la oscuridad, aquel viejo miedo infundado se había esfumado dando paso a unos nuevos miedos más terrenales.

En ese momento abrió los ojos, volvió a ver su habitación bañada en aquel dichoso tono ocre procedente de la ventana y se dio cuenta que era mejor cuando temía a la oscuridad, pues la solución pasaba por dormirse, pero la diferencia era que ahora era el propio miedo el que no le dejaba dormir, miedo a estancarse en su vida, miedo a intentar cambiarla, miedo a la desidia y monotonía, miedo al miedo.

Cerró los ojos en un vano intento para concentrarse, sabía que no podría hacerlo, estaba saturado. Solo podía pensar en la forma de salir de aquel círculo vicioso, y de que esta vez estaba dispuesto a hacerlo.

Cuando volvió a abrir los ojos, vio que la habitación tenía un color diferente, el envejecido tono de la noche se había transformado en un blanco renovado, las primeras luces de un nuevo día, luces que iluminaban aquella oscuridad donde ya no se escondían aquellos viejos monstruos.

Se incorporó, sonrió y se dijo que estaba dispuesto a enfrentarse a sus miedos, que no debían condicionarlo, sino motivarlo para seguir hacia adelante, y en su cabeza resonaba una frase que le acompañaba desde hacía unos días: No se escriben libros sobre cobardes.

1 comentario:

  1. Tampoco se escriben libros sobre niños correctos. Serían tan aburridos que no los leería nadie.
    ;)
    Me encanta!

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